Wanderlust, el deseo irrefrenable de viajar

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Wanderlust: término alemán formado por las palabras wander (andadura, caminata) y lust (deseo) y que podría traducirse como “un fuerte deseo por recorrer y explorar el mundo”. Yo tengo mi propia interpretación, con la que más me identifico: el deseo irrefrenable de viajar.

Desde muy pequeña ya sentía en mi interior un anhelo por descubrir mundo que saciaba, en gran parte, con la lectura, porque mis padres no podían permitirse viajar. Además, en aquel entonces no se consideraba el viaje como una forma de aprendizaje e inversión cultural, si no como mero ocio al alcance de unos pocos, casi un lujo.

Masca, Tenerife

Ya adolescente comencé a realizar pequeñas escapadas al sur de Galicia y más tarde a Portugal, siempre con mi grupo de amigas. Recorrimos la mitad norte del país luso a dedo (por favor, ¡no hagais auto-stop!), y recién cumplidos los 18 años nos fuimos de cámping a Sevilla, a la Expo´92, en un interminable viaje de 10 horas en autobús.

Fue una etapa maravillosa, en la que esos pequeñas aventuras fueron despertando aún más en mí el interés por descubrir mundo, otros países, otras costumbres, otras culturas…

Café bosnio, Mostar

Muy pronto vinieron París y Estambul, que se ha convertido en mi ciudad favorita, y wanderlust crecía ya en mi interior de forma salvaje y descontrolada. A partir de entonces siempre he viajado, unas veces más, otras menos, unas veces más lejos, otras más cerca. Ha habido temporadas de parón porque a veces las circunstancias económicas, familiares o laborales no han sido las más propicias.

Sin embargo, siempre que he podido he hecho la maleta o cargado la mochila, sola o acompañada, en pareja o en familia, porque había algo tremendamente fuerte e incontrolable que me impulsaba a moverme y descubrir el amplio mundo en el que vivimos.

Ézaro, A Coruña, paraísos cercanos

Entonces no sabía, aunque sí intuía, lo que ahora he confirmado: tengo el gen, el gen wanderlust.

Este gen fue descubierto por el escritor Dan Scotti que se basó en una variación del gen DRD4, gen receptor de la Dopamina en nuestro organismo, neurotransmisor asociado al placer y la motivación. Posteriormente otros estudios científicos entre ellos los de la Salk Institute of Biological Sciencies han demostrado el vínculo que el neurotransmisor ( Dopamina) tiene en altos niveles cerebrales con una tendencia a tomar decisiones impulsivas.

Según el Diario Oficial del Comportamiento Humano, el Gen Wanderlust o gen del viajero es un gen que sólo tiene el 20% población y solo está activo en el 10% población mundial. Según los expertos es común en personas descendientes de corrientes migratorias que llegaron a África de 50.000 a 70.000 años atrás.

No sé si este es mi caso, si procedo de alguna de esas migraciones que culminaron su trayecto en África; quizá los genes de mis ancestros se quedaron aquí, en Europa, a mitad de camino. Lo que sí sé es que no concibo la vida sin viajar, ya sea a lugares más próximos, con pequeñas escapadas, o más lejanos; sola o en buena compañía; en invierno o en verano, haga frío o calor; con maleta o con mochila; durmiendo de acampada o en un hotel.

Lo importante es seguir mi instinto y mis impulsos viajeros que siempre me conducen, de forma irremediable, hacia mi gran sueño: recorrer el mundo entero.

Colmar, Alsacia

10 SEÑALES QUE INDICAN QUE TÚ TAMBIÉN TIENES EL GEN:

  • Cualquier conversación que tengas, y cuando digo cualquier quiero decir todas, acaba derivando en temática de viajes. Tus amigos lo saben, tu familia lo sabe…tú lo sabes.
  • Cualquier compra que estés valorando hacer la traduces primero a lenguaje viajero: un jersey equivale a una noche de hotel, un buen bolso a un fin de semana en la sierra, un coche nuevo a decenas de viajes. ¡A dónde va a parar la comparación! Por supuesto, tú sigues con tu viejo coche, que ya le has cogido cariño con el paso de los años.
  • En cuanto vuelves de un viaje ya estás maquinando (¡o comprando!) el vuelo al próximo destino. Confieso que en cuanto tengo un viaje preparado, mucho antes de partir, ya estoy pensando en el siguiente.
  • Leer e informarte sobre viajes se ha convertido en tu principal forma de ocio. Literatura, guías, blogs, foros de viajes, artículos…todo sirve para entretenerte entre viaje y viaje y te acerca más a tu próxima aventura.Todos los meses compras y devoras las principales revistas de viajes: Lonely Planet, Viajes National Geographic, Viajar, De Viajes…Tenerlas y coleccionarlas te aproxima a los fascinantes destinos que nos muestran estas publicaciones, te hace sentir que estás mucho más cerca de tu siguiente objetivo: otro viaje.
  • Relacionas todas tus experiencias vitales con viajes que has realizado. El 2002 ya no es el 2002, si no el año que viajaste a Malasia; no te rompiste el tobillo en 2009, te lo rompiste el año en que viajaste a Etiopía.
  • Eres adicto al Canal Viajar, de hecho tu televisor sólo sintoniza el Canal Viajar, y tu programa favorito es El viajero empedernido.
  • A mediados de año ya estás mirando el calendario laboral del año siguiente para ver cuándo caen los festivos, los puentes y cómo te conviene organizar tus vacaciones. Todos tus días libres los destinas a viajar. ¿Qué es eso de descansar? ¡Ya descansarás en la otra vida!
  • Todos, absolutamente todos tus ahorros los destinas a viajar. Hace tanto tiempo que no cenas ni comes fuera de casa que ni te acuerdas. De ir de copas ya ni te cuento. Peluquería, ropa nueva, salir de noche…¿eso qué es?
  • Eres consciente de que no a todo el mundo le gusta viajar y, por tanto, no va a entender ni de lejos, lo mucho que viajar enriquece tu vida. Muchas veces te sientes incomprendida y hasta juzgada, pero pronto te olvidas y te centras en tu objetivo. La vida es corta y estamos aquí para intentar aprovecharla haciendo lo que más nos gusta a cada uno, sin hacer daño a nadie, pero pasando de la opinión de los demás. Tu sueño no es tener grandes cosas materiales: es conocer mundo y estás intentando cumplirlo, y a quien no le guste…
  • Por último, aunque suene algo macabro, siempre que vas a salir de viaje piensas: si se va a caer el avión, por favor, que lo haga a la vuelta…

Burg Eltz, Alemania

Y tú, ¿sientes como yo un deseo incontrolable de comerte el mundo? ¿Tú también tienes el gen?

 

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8 thoughts on “Wanderlust, el deseo irrefrenable de viajar”

  1. Me siento muy identificado y también incomprendido.¿Por qué se critica tanto a quien viaja?La vida es cuestión de prioridades.

  2. ¡Hola de nuevo Juan (y Medio)!!
    Has dado en el clavo: la vida es cuestión de prioridades y cada uno tiene las suyas. Lo importante es hacer lo que uno quiere, en este caso viajar, sin hacer daño a nadie, ir a por nuestros sueños y disfrutarlos. Hay personas que jamás lo entenderán y creo que hay que ignorarlos y seguir el camino que nos hemos trazado que es el que nos hace felices.
    ¡Muchas gracias y muchos viajes!

  3. Hay grandes citas que uso a menudo.Una de ellas es Vive y deja vivir,otra es Viajar es la única cosa que pagas que te hace más rico.
    Anna

  4. No sé si tengo el gen, pero eso de traducir compras a lenguaje viajero se me da… vamos, una experta total 😀
    Besitos

  5. Una magnífica explicación de la pasión por los viajes. Y no hay nada de malo en hacer autostop, es un recurso clásico que ha permitido a multitud de personas el iniciarse en los viajes.
    Yo también viajé así en mi juventud, y le cogí tanta afición que seguí haciendo largos viajes por Europa aunque podría haberlos hecho por otros medios… Hasta llevaba un diario y sólo paré cuando llevaba 40.000 kms xD.
    Todavía lo sigo haciendo cuando no puedo moverme de otra forma. Lo que pasa es que ahora la gente ya no tiene paciencia. Y las carreteras son para correr demasiado rápido… xDD

    1. Abdelkrim, no sabes cuánta ilusión me hace que un experto viajero como tú pase por mi humilde morada.
      En efecto, no hay nada malo en hacer “dedo”, pero para mujeres jóvenes y solas seguramente sí entraña un riesgo. Yo lo hice en muchos viajes a través de Portugal y Galicia con varias amigas y me lo pasé en grande, una práctica que en la España de principios de los 90 no parecía entrañar peligro.
      Poco después llegó el terrible caso “Niñas de Alcasser” y marcó una época para todas las jóvenes que, a partir de entonces tuvimos miedo, verdadero pánico, a salir solas a la calle, a viajar solas y mucho más a practicar autostop.
      Y aunque todos los recuerdos que tengo de aquella experiencia fueron muy positivos, reconozco que preferiría que mi hija no hiciera “dedo” cuando tenga edad para ello. Pero, temo, hará lo que le venga en gana, como todos hicimos en nuestro momento.
      ¡Un abrazo!

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