Croacia,  Split

Split o el sueño de Diocleciano

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A 30 kilómetros de Trogir se encuentra la ciudad de Split. Cuando el emperador romano Diocleciano se retiró, decidió fundar una ciudad en Dalmacia, entonces parte del Imperio romano, donde establecerse para pasar sus últimos dí­as.

Así nació el llamado Palacio de Diocleciano, que no es más (¡ni menos!) que una ciudad romana amurallada, germen de la ciudad actual que constituye el centro neurálgico, monumental y por tanto turístico de Split. Y donde hoy en día aún vive gente.

Antes de emprender nuestro viaje a Croacia y Bosnia Herzegovina en 13 días leí­ algunas opiniones sobre Split. La mayoría la citaban como ciudad de paso para estar unas horas, ver el Palacio a toda prisa, tomar ferry a las islas y poco más. Pero a nosotros nos fascinó.

La entrada a Split es muy sencilla, siguiendo las señales que llevan al puerto y en las calles adyacentes se puede aparcar. Eso hicimos, parking de pago muy cerca del muelle donde se cogen los barcos a las islas, 5 kunas la hora.

Aprovechamos para ir a la sucursal de Jadrolinija y comprar los billetes de ferry del dí­a siguiente. Unos 90 euros al cambio los tres (2 adultos y una niña) y el coche. Se puede pagar con tarjeta de crédito.

Seguimos caminando por la Riva, repleta de yates, embarcaciones turí­sticas y gente, mucha gente. Y eso que ya es septiembre. En diez minutos de paseo se llega al Palacio de Diocleciano, formado por cientos de intrincadas calles a cada cual más bonita, y cuyo corazón es el Peristilo, formado por un patio con arcadas.

Palacio de Diocleciano, Split

En la misma plaza están la catedral y mausoleo de Diocleciano. Un conjunto monumental magní­fico. Eso debieron pensar los cientos de cruceristas que se hacinaban en el lugar.

Hasta el mismísimo Papá Noel había decidido viajar desde la frí­a Laponia para visitar Split ese día, con atuendo de verano, eso sí.

Papá Noel en Split

Esquivando a la riada humana nos dirigimos a las galerí­as subterráneas, invadidas por tiendas turí­sticas.

Ya fuera de la ciudad amurallada, cruzando la Puerta Aurea o de Oro, tomamos unas fotos junto a la enorme estatua de Gregorio de Nin y le frotamos con fruición el desgastado dedo del pie. Desconozco si la tradición dice que es para tener buena suerte, volver a Split o que los Reyes Magos te traigan algo de la Patrulla Canina, que fue lo que pidió mi hija. Cualquiera de las tres cosas nos venía bien.

Gregorio de Nin en el Palacio de Diocleciano, Split.
Vimos también la Puerta de Plata y la de Hierro. Tras ésta, fuera de la zona amurallada pero siguiendo en el casco antiguo, está la Plaza Narodni o del Pueblo, la más importante de esta zona.
Plaza Narodni, Split
Y callejeando un poco más, se encuentra la plaza que más nos gustó que es la Plaza de los Hermanos Radic o «de la fruta», donde está la estatua de Marko Marulic, uno de los pensadores más importantes del siglo XV, que era croata, nacido en Split. Allí pasamos un buen rato tirando fotos, tomando algo en una terraza tranquilamente hasta la hora de comer.
Plaza de los Hermanos Radic, Split
Paseando por Split

Como todos los restaurantes que llevamos anotados estaban a tope y no nos apetecí­a seguir dando vueltas con tanto calor, nos encontramos por casualidad con la calle Marmontova y Kanton Paulina, que se recomienda mucho en foros. Pedimos cevapici, muy bueno.

El sitio es recomendable para comida rápida tipo bocadillos caseros, hamburguesas, cevapici…Pero ojo, el local es minúsculo y en el interior sólo se puede comer de pie en una barra o bien sentarse en el exterior en unos bancos adosados a la pared, que fue lo que nosotros hicimos.

Kanton Paulina, Split

Tras descansar un rato viendo pasar a la gente (mucho turista, como nosotros, mucho calor) nos dirigimos hacia Vela Varos, un barrio de pescadores encantador y muy pintoresco. Al final se inicia la subida al monte Marjan, que hicimos muy lentamente, con una niña pequeña y calor asfixiante. Las vistas bien lo merecen.

Al acabar la tarde, de camino al coche, paramos para ver el Palacio al anochecer. Espectacular, todaví­a no estaba del todo iluminado. Nos hubiera gustado darnos un chapuzón en la playa al final del muelle pero habíamos olvidado los bañadores. Sugerencia: llevad siempre en el coche una bolsa con bañador, toalla y escarpines. Nunca se sabe cuando ni donde os apetecerá un baño en Croacia.

En resumen, nos encantó Split. Nos pareció una ciudad muy especial, muy viva. Muy pocas ciudades pueden presumir de tener un palacio romano en su interior en el que todavía reside gente. Muy peculiar y recomendable, sobre todo al atardecer que ya se han ido los cruceristas y se puede disfrutar con calma del encanto de sus calles.


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