Mostar, historia de un puente entre dos culturas

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Hay lugares que te calan hondo. Que rebosan tanta Historia y tan reciente que es inevitable que ésta lo invada todo. Una Historia, con mayúsculas, que se palpa en cada rincón, en cada piedra; se percibe en cada rostro, en cada gesto. Se dispersa por el aire y penetra en los pulmones en cada inspiración, haciendo tangible el dolor. Respirar en Mostar duele, aún.

Llegamos a Mostar en Septiembre de 2016, cruzando parte de Croacia desde Ston, y entrar en el país bosnio supuso una bofetada de realidad tremendamente refrescante. Tan sólo una línea fronteriza separa ambos países, y en cuanto uno la rebasa ya es consciente de que está en otra Europa, la olvidada.

Un agente nos recibe en el puesto fronterizo y nos pide el carné internacional de conducir y la Carta Verde del vehículo, requisitos imprescindibles para entrar en Bosnia-Herzegovina. Amplia sonrisa cuando comprueba nuestra nacionalidad: españoles. Nos permite que saquemos fotografías a la entrada del país, en la misma frontera. Está prohibido. “Para los españoles no”.

Entrada a Bosnia-Herzegovina

Españoles que acudieron en misión de ayuda humanitaria y de reconstrucción de la ciudad de Mostar, que duró hasta 12 años, dejando muchos militares su vida en defensa del pueblo bosnio en aquella guerra infame, la primera guerra retransmitida en directo por las televisiones de todo el mundo.

Recuerdo con detalle lo que sucedió en aquel 93 maldito, cómo en casa nos reuníamos a la hora de comer ante el televisor y contemplábamos atónitos el capítulo número equis de la contienda yugoslava: hoy veinte muertos en Mostar, mañana la masacre de Srebrenica, cae Sarajevo y con ella la esperanza…

Nos parecía mentira que en plena Europa, a poco más de 3 horas de avión, muriera gente cada día en una guerra tan cercana y tan lejana a la vez.

Seguimos nuestro camino y pronto nos encontramos con la maravillosa población de Pocitelj, un pueblo con mucho encanto en Bosnia-Herzegovina, nuestro primer contacto real con la bosnia más auténtica, pero también la más turística.

Pocitelj, Bosnia-Herzegovina

Debido a su cercanía con Dubrovnik, tanto Pocitelj como Mostar, a apenas dos horas en coche de la ciudad croata, se han convertido en un reclamo turístico incontestable. A la curiosidad por contemplar in situ las consecuencias que las bombas y morteros han dejado en el país, se unen los innegables atractivos que Bosnia ofrece a los viajeros: un país casi virgen, sin explorar, con paisajes montañosos, ríos caudalosos de aguas verde esmeralda y pueblos otomanos de indudable encanto.

Y después están Mostar. Y Sarajevo. Ciudades que antes lloraron muerte y ahora sangran vida.

El tramo de Pocitelj a Mostar transcurre tranquilo por una carretera comarcal salpicada de pequeños núcleos de población. Llegamos a Mostar a media mañana y guiados por Mesa, nuestro afable anfitrión, damos con una zona de aparcamiento gratuito junto a nuestro alojamiento de esa noche: ELITE GUEST HOUSE. 

Mesa y Meliha fueron extremadamente amables con nosotros. Se esforzaron en hacer de nuestra estancia una experiencia muy grata y nada efímera: aún los recordamos con simpatía. El estudio que nos ofrecieron era amplio, impecablemente limpio, con terraza  y jardín,situado en pleno centro de la ciudad y a 5 minutos paseando del Stari Most. No podemos hacer más que recomendarlos.

Una vez ubicados nos dirigimos directamente al centro neurálgico de la ciudad vieja, atravesando un par de callejuelas en obras, paseando con calma por el mercado antiguo. Por fin alcanzamos el corazón de Mostar, el símbolo de la Paz que da sentido a esta ciudad, que hoy hermana a los pueblos cristiano y musulmán: STARI MOST, el Puente Viejo, que tiene una historia apasionante.

Stari Most, Mostar

El Stari Most se alza orgulloso sobre el río Neretva, consciente de ser el monumento histórico más famoso de la antigua Yugoslavia. El puente original, de origen otomano, data del siglo XVI y tiene 30 metros de largo por 4 de ancho. A ambos lados se hallan las torres Halebija y Tara, añadidas en el siglo XVII.

Vistas desde el Stari Most, Mostar, con la Mezquita Koski Mehmed Pasha a la derecha.

Cruzamos el puente con calma, pues su escalonado y resbaladizo pavimento invita a ello. Pronto divisamos a los primeros saltadores. Desde hace 450 años, los jóvenes de Mostar demuestran su valentía arrojándose desde el puente al Neretva, en un salto de más de 25 metros de altura que encoge en corazón de angustia a cualquiera que lo contempla.

Saltador desde el Stari Most, Mostar

Lo cierto es que hoy en día, aprovechando del tirón turístico de la ciudad, pasan la gorra antes de saltar y, cuando se aseguran de que la cantidad obtenida merece la pena, se lanzan sin dudar al río. Se celebra una competición anual de saltos a la que acuden los mejores clavadistas del mundo.

El 9 de Noviembre de 1993 los croatas volaron el puente y el mortero, que cayó al río, tiñó de rojo las aguas del Neretva, por lo que se dice que el puente “lloró sangre” por su propia destrucción. El año 93 está presente en toda la Stari Grad: Don´t forget 93, No olvidar.

Don´t forget, Mostar

Cuando finalizó la guerra, el puente fue reconstruído con numerosas piedras que se rescataron del fondo del río. Mientras duraron las labores de reconstrucción, los militares españoles construyeron un puente provisional para comunicar ambos lados de la ciudad, el croata y el bosníaco.

El puente se inauguró en 2004, y en 2005 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y se ha convertido en todo un símbolo de paz entre pueblos.

Stari Most al fondo, Mostar

Aunque han pasado más de 20 años desde el fin del conflicto yugoslavo, sigue habiendo una calma tensa entre cristianos croatas y musulmanes bosníacos. ¿Cómo olvidar tan facilmente que al otro lado del puente vive el hijo de quien mató a tu padre, o el abusador de tus hermanas y vecinas? Situaciones muy difíciles de asimilar.

Mesa afirma convencido que sólo el transcurso de varias generaciones puede mitigar el odio y el dolor. Pero los habitantes de esta ciudad ya han dado el primer paso hacia la Paz: intentan superar la división étnica con la tolerancia, la justicia y la convivencia pacífica.

Seguimos nuestro paseo por Mostar. Queremos conocer la faceta más cotidiana de la ciudad y nos perdemos por sus calles y barrios. Llegamos a la zona conocida como Bulevar. Las huellas de la guerra son evidentes: edificios derruídos por completo, casas antaño señoriales acribilladas a balazos…

Casa destruída en la guerra yugoslava, Mostar

Edificio derruído, Mostar

Estas marcas de guerra se hacen más palpables en los muchos cementerios esparcidos a lo largo y ancho de la ciudad, ubicados en los parques y jardines, donde la fecha de fallecimiento que más se repite en las lápidas es 1992, 1993. El corazón nos da un vuelco.

Cementerio en un parque, Mostar

Alcanzamos la Plaza de España, donde un monolito recuerda a los 22 soldados españoles y 1 traductor croata que murieron durante la operación de paz que se desarrolló a partir de la guerra civil.

Plaza de España. Mostar

Monumento a los españoles muertos en la guerra, Mostar

Plaza de España, Mostar

Llegamos hasta un parque público donde la algarabía de los niños nos hace recordar por un momento que la guerra terminó hace mucho, que ahora le toca el turno a la vida, a la risa, a la diversión. Padres y madres charlan mientras sus hijos juegan despreocupados, como en cualquier parque español.

Parque infantil, Mostar

La estatua de Bruce Lee, un luchador por la justicia, nos saluda desde un rincón del parque. Le devolvemos el saludo con la curiosidad de quién se pregunta qué relación puede tener la estrella de las artes marciales con la ciudad de Mostar. Quién sabe…

Bruce Lee en Mostar

Nos tropezamos con mezquitas y también con iglesias católicas.

Mezquita Neziraga, Mostar

Mezquita Vucjacovika Dzamija, Mostar

Cementerio junto a la mezquita Vucjacovika Dzamija, Mostar

Nos retiramos a descansar al apartamento y por la noche salimos a cenar. Hay un ambiente increíble de fiesta y nos quedamos un buen rato en una terraza. Después nos dirigimos hacia el puente para realizar fotos nocturnas.

Recomiendo sin dudar pasar una noche en Mostar. Cuando, al caer la tarde se van los cruceristas y la ciudad se vacía casi al completo de turistas, se puede disfrutar de un ambiente autóctono auténtico, las familias paseando tranquilamente por Stari Grad, las terrazas llenas de gente…

Al día siguiente amanecimos en Mostar y, antes de despedirnos, nos dirigimos de nuevo hacia el puente, irremediablemente atraídos por su embrujo.

Stari Most, Mostar

Tras desayunar en una curiosa cafetería dentro de una cueva, nos dedicamos a pasear por el mercado del casco antiguo, el Bazar Kujundziluk, en el que se pueden comprar todo tipo de souvenirs, incluídos los relacionados con la guerra: cascos, balas, insignias militares…

Bazar Kujundziluk, , Mostar

Bazar Kujundziluk atestado de gente, Mostar

Nos hicimos con un par de recuerdos de artesanía local y comimos un rico cevapici en un local típico, que rematamos con un delicioso café bosnio.

Café bosnio, Mostar

Dejamos Mostar sin mirar atrás, pero ya lo echábamos de menos. Estábamos seguros de que algún día volveríamos a esta magnética ciudad.

Pero no abandonamos aún territorio bosnio. Nos esperaba Sarajevo, una ciudad que nos ligó definitivamente a Bosnia y que se convirtió en una de nuestra favoritas de Europa por méritos propios.

Antes, Jablanica.

Pero eso…es otra historia…

Lecturas para entender el conflicto de los Balcanes: 

  • Un puente sobre el Drina. Ivo Andric. Previo al conflicto, este libro nos introduce en el contexto yugoslavo y los problemas anteriores a la guerra de los Balcanes y nos permite entender qué factores la desencadenaron.
  • Como si masticaras piedras, sobreviviendo al pasado en Bosnia. W.L. Tochman. Sobre la masacre de Srebrenica.
  • Si un árbol cae. Isabel Núñez. Entrevistas de la autora a personajes que vivieron en primera persona la guerra de los Balcanes.

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8 thoughts on “Mostar, historia de un puente entre dos culturas”

  1. Uy Emma,me has emocionado.Me recuerda mucho a lo que sentí cuando visité Mostar y más aún Sarajevo.Sin duda son lugares especiales en los que la guerra ha dejado huella pero hoy también hay mucha vida y ganas de vivirla.
    ¡Te sigo y nos vemos por el foro!

    1. Sí, es inevitable recordar la guerra de la antigua Yugoslavia cuando se visita Mostar, pero es cierto que hay otra cara de la ciudad que merece la pena conocer, hay mucha vida en ella.
      Un saludo y ¡gracias por pasarte por el blog! ¡Nos leemos!

  2. Me siento identificado con lo que escribes.Tuve sentimientos parecidos en mi viaje por Bosnia de hace tres años.La historia lo inunda todo y las consecuencias de la guerra de los Balcanes todavía están frescas.Aún con eso merece la pena visitar este bonito país que renace de sus cenizas. Un saludo
    Antonio

    1. Gracias por tu comentario, Antonio.
      Pasarán varias generaciones hasta que puedan olvidar por completo, como dicen ellos. Sin embargo ya han dado el primer paso para una convivencia pacífica.
      Sin duda es un país que merece la pena visitar y al que nosotros queremos volver algún día.
      ¡Un saludo!

  3. Gracias por visitar mi ciudad y mi país.Me alegro que te gustó.
    Describes muy bien esa calma tensa que vivimos.Pero las nuevas generaciones crecen sin rencor integradas con todas las etnias y yo creo en un futuro para mi pueblo.
    Regards
    Meli

    1. Hola Meli, gracias por leernos. Nos encantó tu país y tenemos muchas ganas de volver para recorrerlo con calma en coche. Tiene zonas realmente cautivadoras.
      Por supuesto, nosotros también creemos que tu pueblo tendrá el presente y futuro que se merece.
      Un gran abrazo.

    1. Hola Maribel!
      Te sugiero que tampoco te pierdas Sarajevo. Está a dos horas en coche de Mostar y el trayecto es bonito.
      Mostar es visita obligada en Bosnia pero, debido a su cercanía con Dubrovnik, demasiado turística…
      Sin embargo Sarajevo aún mantiene una gran autenticidad, es como una pequeña Estambul. Una ciudad cautivadora.
      Gracias por tu comentario.
      ¡Saludos!

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